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Control de caja

Descuadres de caja y robos internos: cómo cortarlos de raíz

Por Cajones Autocobro · · 7 min de lectura

"Faltan 15 euros." Lo apuntas, piensas que alguien se equivocó con una vuelta y sigues. Al mes siguiente faltan 40 en total. Al año, varios cientos. Y algún día descubres que no eran errores. Este artículo va de eso: de lo que cuesta el efectivo que se pierde, de cómo saber si tienes un problema y de cómo se corta.

Cuánto se pierde, con prudencia

No hay una cifra oficial para España, y desconfía de quien te dé una exacta. Los estudios del sector de comercio y hostelería que miden la "pérdida desconocida" (el dinero y el género que desaparecen sin explicación) hablan de porcentajes que llegan al 2–3 % de la facturación en efectivo en los locales con peor control, y una parte importante se atribuye a personal interno, no a clientes.

Pon tus números. Un bar que factura 4.000 € semanales en efectivo, con una pérdida del 1 % (la mitad de lo que apuntan esos estudios), pierde 40 € a la semana: unos 2.000 € al año. Al 2 %, 4.000 €. Y eso es solo el efectivo que no llega a la caja; no cuenta las consumiciones no marcadas, que son el otro agujero.

Las dos formas de perder: error y mano

No todo descuadre es un robo. Los hay de dos tipos y conviene distinguirlos:

  • Error. Vuelta mal dada, billete de 20 tomado por uno de 10, moneda que cae detrás del mostrador, cambio prestado al bar de al lado y no apuntado. Es aleatorio: unos días falta, otros sobra.
  • Mano. Alguien se lleva dinero. Casi nunca es un billete de 50 de golpe; son 5 o 10 euros por turno, de forma regular. Y casi siempre va acompañado de otra práctica: cobrar sin marcar, anular tickets después de cobrar, "invitar" y cobrar en mano.

La diferencia se ve en la pauta: el error sube y baja; la mano siempre resta, y resta más en los turnos de una persona concreta.

Señales de alarma

Ninguna es prueba de nada por sí sola. Varias juntas, sí:

  • Los descuadres son casi siempre negativos. El azar daría tantos positivos como negativos.
  • Un turno o una persona concreta descuadra más que el resto.
  • Sube el número de tickets anulados o de "errores de marcaje" corregidos después de cobrar.
  • El ticket medio en efectivo baja mientras el de tarjeta se mantiene.
  • La caja cuadra perfecta justo cuando tú cierras y baila cuando no estás.
  • El cajón se abre sin venta ("abrir cajón" en el TPV) muchas veces por turno.
  • Se acaba el cambio más deprisa de lo que debería: billetes grandes que entran y no aparecen.

Caso práctico: la cafetería que "siempre descuadraba un poco"

Una cafetería de barrio, dos socios, cuatro empleados en dos turnos, mucho desayuno y mucho efectivo. Llevaban años con descuadres de 10 a 25 euros casi a diario. Lo tenían asumido: "es que con tanta moneda es normal". Al año, calcularon después, se iban entre 3.000 y 4.000 euros.

Uno de los socios empezó a apuntar el descuadre por turno en una hoja. En tres semanas la pauta era clara: el turno de tarde descuadraba el triple que el de mañana, y los días que uno de los empleados libraba, el descuadre de tarde era de dos o tres euros. No era el único problema: también había tickets anulados a última hora y cafés "invitados".

No hubo denuncia; hubo una conversación y una baja voluntaria. Pero lo que cambió de verdad fue lo que hicieron después: pusieron un cajón inteligente. Desde el primer día, descuadre cero. No porque el personal nuevo fuera más honrado, sino porque ya no había nada que llevarse: el cliente paga en la máquina, la máquina devuelve y el dinero va a un casete con llave. Y de paso, los tickets anulados bajaron a casi nada, porque anular un ticket ya cobrado por el cajón deja rastro y no devuelve el dinero a la mano de nadie.

El cajón se pagó con lo que dejaron de perder en poco más de dos años. Lo contamos sin nombres porque es un caso real y porque, cambiando el barrio, es el mismo caso que vemos cada mes.

Por qué un cajón inteligente lo corta de raíz

Las medidas clásicas (arqueos sorpresa, cámaras, procedimientos) funcionan por disuasión: alguien podría pillarte. Un cajón funciona por imposibilidad: no se puede coger lo que no se toca.

  • El empleado no toca el efectivo. El cliente paga en el cajón, el cajón devuelve. Ni vuelta "aproximada" ni redondeo a favor.
  • El cajón no se abre. No hay "abrir cajón" sin venta. La recaudación va al casete, con llave que tiene el dueño.
  • Cada movimiento queda registrado. Entradas, salidas, reposición de cambio, retiradas. Con fecha, hora y usuario del TPV.
  • Cobrar sin marcar deja de tener sentido. Si el dinero solo entra por el cajón y el cajón solo cobra lo que el TPV manda, cobrar en mano es imposible salvo que el cliente deje el dinero en la barra. Y eso se ve.
  • Los errores desaparecen con los robos. El cajón cuenta mejor que cualquiera a las once de la noche.

Es la misma razón por la que las gasolineras y los supermercados grandes lo pusieron hace años. La diferencia es que ahora cabe bajo la barra de un bar y cuesta desde 9.999 € + IVA* (el cajón; la instalación se presupuesta aparte por escrito y el plan de mantenimiento Cashlogy Care, desde 599 €/año + IVA, lo eliges antes de confirmar), o 209 €/mes + IVA en renting.

Qué más hacer (con o sin cajón)

El cajón resuelve el efectivo. El resto del control del local sigue siendo tuyo:

  1. Arqueos por turno, no por día. Si dos personas comparten caja en un día, nunca sabrás quién descuadra. Un arqueo por turno y por persona, aunque sea rápido.
  2. Revisa las anulaciones. Casi todos los TPV sacan un informe de tickets anulados y modificados. Míralo cada semana. Debe ser corto y con explicación.
  3. Cámaras sobre la caja, visibles. No para espiar: para que todo el mundo sepa que están. Avisa por escrito al personal (es obligatorio) y ponlas donde se vea el cobro.
  4. Un procedimiento escrito de caja. Quién abre, quién cierra, quién retira, dónde se apunta. Dos párrafos en un papel plastificado valen.
  5. Marca antes de servir. La regla sencilla que evita el "ahora lo marco". Con un cajón es automática: si no está marcado, el cajón no cobra.
  6. Cuadra el género con las ventas. Los cafés que salen del molinillo contra los cafés marcados, de vez en cuando. Es el control que el cajón no hace.

Si quieres saber cómo quedaría el cajón en tu barra y con tu TPV, cuéntanos tu caso. Y si antes quieres entender cómo funciona por dentro, empieza por qué es un cajón de cobro automático.

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